Sunday, May 30, 2010

Ecos de la infancia

Últimamente me ha entrado una crisis. Pienso y pienso y pienso y quiero encontrar una respuesta para saber DE QUÉ LE SIRVE AL MUNDO UNA PERSONA COMO YO. I'm serious. But please don't get me wrong. No estoy lamentándome, es una sana curiosidad que me generó después de algunos sucesos dramáticos en mi vida.
Para empezar, cuando daba clases en aquella escuela cuyo nombre no logro recordar, tuve que tomar un curso de Estilos de Aprendizaje para poder ayudarle a los alumnos a algo tan simple y sencillo que es APRENDER. Una de las dinámicas, desde luego, era ubicarse uno mismo en los 4 estilos de aprendizaje existentes. Los dividían por número. El 1 es el tipo ahuevado no-se-preocupen-yo-me-encargo porque está seguro que el resto de los mortales somos unos haraganes faltos de talento que arruinará su nota final. El 2 es el típico tipo de hueva que no se sale de las reglitas, que necesita métodos y que todo lo hace by the book. El 3 es el conciliador, el cariñosón preocupado porque todos se sientan bien, el embajador dela paz. Y el 4 es otro cosmos. Pues bien... yo soy 4.
Vengo desprogramada de fábrica. Me importan un comino las reglas, me da lo mismo el CÓMO con tal de llegar al resultado o meta final. Me aburro fácilmente, puedo hacer las cosas pero prefiero que las haga el 1. Vivo en bronca perpetua con el 2 que NO comprende mi necio concepto de la libertad. Y me la paso en el rebane con el 3. Ése es mi ESTILACHO DE APRENDIZAJE. Ni más ni menos. No hay ninguna novedad de por qué no pude entrar al Colegio Militar, ni de por qué no gané las eliminatorias para EL MEJOR NIÑO DE SEXTO, ni por qué troné tantas materias tantas veces. No hay gran ciencia alrededor de ello.
Pero es EVIDENTE que mi estilo de aprendizaje is pretty much the same mi estilo de trabajo. Y ante rutinas estúpidas como verificar una llamada puedo improvisar bajo la única bandera de "me estoy aburriendo". En fin.
Ese no es el punto, el punto en realidad es que dentro de esta reflexión me vino un recuerdo de la infancia. Estaba en conocido súper con conocido amigo frente a conocido local de baratijas cuando vi un Ula Ula. Le dije: Estas madres me encantaban de niña, pero JAMÁS pude girarla. Y es verdad!!! Una víbora que se hubiera tragado un palo de escoba tendría mayor flexibilidad para mover el Ula Ula que yo!
Yo veía embobada a las niñas que lo hacían girar con singular pornografía y estaba convencida de que iba a poder imitarlas, pero NO!
Tenía muy mala suerte para los juguetes. Hasta el estúpido gusano me hacía sufrir. Lo echaba a andar y el arrastrado no hacía bien su trabajo, daba una vuelta y flrrr, INMOVIL.
En el elástico siempre pisaba nudo. En el boto siempre la traía. En el Congelado NUNCA pasaba el estúpido cerillo a descongelarme. Nunca tenía un contrapeso en los sube y baja. Mi yo-yo tenía un talento indecible para llenarse de nudos. En fin, mi infancia bien podría resumirse en Everybody hates Chris... ah, pero ya existe!

2 comments:

herr Boigen said...

Yo nunca fui bueno para patear balones, NUNCA me salió bien y no entendía cómo a otros se les hacía tan sencillo :O

Asilo Arkham said...

Yo nací negado para todos los deportes. Nunca tuve buenos reflejos para pegarle al pinche balón de volibol ni para botar el cabrón de basquet, y eso que me gustaba el basquet, aunque yo no nunca le gusté al basquet.